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sábado, 18 de abril de 2020

441.- EVANGELIO DEL DÍA

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN.
Evangelio de san Marcos 16, 9-15.
“Se apareció primero a María Magdalena”, de la que el Señor había sacado “siete demonios”. El Señor realizó en Mª
Magdalena un cambio radical, de raíz. ¿Y cómo no anunciar eso? Fruto del encuentro del Señor con María, seguro que en ella dio comienzo un proceso que culminó con su total entrega a la causa de Jesús de Nazaret. María se asombraría de las palabras de Jesús que hablaba de Dios Padre, que no la condenaba, como los fariseos, los doctores de la ley, etc., sino de un Dios acogedor de sus hijos, Dios que perdona, te abraza y acoge porque te quiere; Dios que no condena sino que sufre con el dolor, la pena y tristeza de sus hijos (¡y que padre no padece cuando lo hacen sus hijos!), a la vez que se alegra de su felicidad, cuando se sienten bien. Y esas palabras iban poco a poco llegando y llenando el corazón de María, y desde la raíz su vida iba cambiando porque alguien la quería tal cual era y, desde ahí, comenzar una transformación que la llevaría a su dedicación plena a Jesús de Nazaret. Y ¿cómo no decir eso?, ¿cómo no transmitir a los demás la Buena noticia del amor de Dios? Porque las buenas noticias se comunican rápidamente. María es testigo de Dios vivo, presente y que actúa, da testimonio de lo que Dios ha hecho en su vida, cómo la ha transformado en una persona feliz, libre, auténtica. Ella da testimonio del amor de Dios. ¿Y nosotros? Como ella, también tenemos que ser testigos de lo que Dios hace en cada uno.

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