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martes, 14 de abril de 2020

436.- EVANGELIO DEL DÍA

Evangelio de san Juan 20, 11-18 

 “Mientras lloraba, María se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco”. Ella tiene el valor de asomarse al “sepulcro”, quizá el suyo propio, a lo mejor María se ha atrevido a mirar en su interior (algo que nos cuesta mucho) para llevarse una gran y grata sorpresa, que en su interior, su “sepulcro”, su historia mejor o peor, ahí se encuentran los dos ángeles vestidos de blanco, es decir, se encuentra el Señor. Porque aunque nos cueste creerlo, en esos momentos difíciles de la vida, cuando ésta nos muestra su lado más oscuro, cuando muestra los “sepulcros”, pues ahí está el Señor, a nuestro lado, cuidándonos. Porque Él no abandona como otros pueden hacer, Él permanece siempre fiel a la obra de sus manos aunque nosotros le dejemos. No, Él siempre fiel. ¿Miramos en nuestro interior sin temor alguno?, ¿qué encontramos? Y el Señor hace de ella apóstol, testigo y mensajera de la resurrección que Dios ha obrado en ella; y es que las buenas noticias no son para guardarlas sino compartirlas con los demás; y no hay mejor noticia que el acontecimiento de la resurrección, Dios en nosotros.

                                                                 FELIZ MARTES

domingo, 12 de abril de 2020

435.- DOMINGO DE RESURRECCIÓN. ¡ALELUYA!

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN.


HOY OS ESPERAMOS EN FACEBOOK EN DIRECTO A LAS 12.30 H. PARA LA SANTA MISA 

Y el hogar de la comunidad se llena de alegría, de felicidad, de resurrección, de Dios. Un grito unánime sale de nuestras bocas, ¡GRACIAS! Dios ha dicho que “si” a Jesús de Nazaret, a sus palabras, su obra, y ha dicho “si” rescatándolo de la muerte; y porque hay resurrección su mensaje, el mensaje de Dios Padre, sigue presente en nosotros, la Iglesia, presencia hoy del resucitado en medio del pueblo.
Y de ello debemos dar testimonio, como anuncia Pedro en el libro de los Hechos, que el Señor sigue vivo, presente y resucitando en ti y en nosotros; y resucita cuando nos acercamos al otro en gesto de perdón, resucita cuando tengo tiempo que dedicar a quien quiere hablar, desahogarse, resucita en nosotros cuando comparto no sólo palabra sino también bienes con los más necesitados, resucita cuando poco a poco nos vamos pareciendo a Él y nos hacemos inconformistas buscando siempre “los bienes de allá arriba” (Colosenses) y dejando los de aquí abajo, cuando nuestra vida la vamos configurando con el Señor.
Y esa es nuestra labor como iglesia, dar testimonio de lo que el Señor obra en nosotros, mostrar a los demás que el Señor lo es de la vida y jamás de muerte y tristeza, que Dios es de alegría y jamás de pena y dolor; y ello no lo decimos sólo de palabra sino que lo corroboramos con la vida, con nuestro estilo de vida, porque si algo caracteriza al creyente, al redimido por el Señor, es la alegría de vivir, el gozo de compartir, de ser comunidad reunida, agradecida y convocada en el nombre del resucitado, de ser una comunidad resucitada en el Señor. Y por ello le damos gracias.
           

sábado, 11 de abril de 2020

434.- SÁBADO SANTO

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN 
¡ALELUYA!

433.- SÁBADO SANTO POR LA MAÑANA

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN.

Ayer viernes celebramos la liturgia de la Pasión del Señor, y quedábamos expectantes porque no entendíamos cómo era posible que la muerte se llevara consigo al justo, al hombre que había pasado haciendo el bien. Y con el corazón roto y en vilo quedamos. ¿Dios Padre pronunciará alguna palabra?; Él, el creador, si en Jesús de Nazaret recrea la vida de cada uno y la historia, ¿será posible que todo haya sido un sueño?, ¿tanta ilusión puede desvanecerse tan pronto? Por eso quedamos en ascuas, y permanecemos unidos y a la expectativa de la palabra divina. Guardamos silencio como cuando el temor nos atenaza, nos detenemos y el corazón palpita rápido, ¿qué sucederá? Y es un silencio muy sonoro, porque el corazón y la mente no dejan de trabajar, recordar, rememorar y hacer preguntas que en este momento no tienen respuesta, pues ésta sólo puede venir de Dios Padre.

viernes, 10 de abril de 2020

432.- NUESTRO CRISTO ESTÁ EN LA CALLE


431.- EVANGELIO DEL DÍA

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN


Por todos los Cristos que sufren en los hospitales y residencias y por todos los que los cuidan con cariño  y valor.

Viernes santo.
   
Estamos en la casa de la comunidad, vamos conociendo personas, entablamos amistad y nace el cariño. Cierto que conocemos a unas más que a otras, nos abren y les abrimos el corazón y hallamos historias felices, familiares, de superación, junto a otras más tristes, incluso dolorosas, pero todas ellas envueltas en el manto de la fe. Y todos han crecido como personas y madurado como cristianos. Es la comunidad. Y hoy la palabra que nos conduce es la pasión del Señor según san Juan.
“He aquí al hombre”, proclama Pilato, y curiosamente ese “hombre” es el ejemplo de persona que los cristianos seguimos, ese hombre golpeado, torturado, crucificado, se ha convertido en ejemplo a seguir por todos nosotros. Ha pasado entre nosotros haciendo el bien, ha curado enfermos, realizado el milagro de compartir para que a nadie le faltara, siempre ha tenido una palabra de consuelo y esperanza para los apenados y tristes, ha acogido a los niños y consolado a las viudas. Pues a ese Jesús de Nazaret, el pueblo manipulado por el poder religioso y las autoridades civiles lo han condenado a morir en la cruz. La injusta muerte del justo. Pero ¿hay mayor dolor que sentirte abandonado por los tuyos, los amigos que han compartido contigo, sentado en la misma mesa y comido el mismo pan?, ¿ser traicionado y tres veces negado?
Pero hay alguien que en este drama todavía no ha hablado y que sin embargo lo ha dicho todo. Porque es verdad que esperamos una palabra de Dios Padre, una palabra de fortaleza, de ánimo, de esperanza, ¿cómo permitir esa muerte del justo?; pero Él estaba en la cruz de Jesús de Nazaret. Como estaba con él cuando hacía milagros, cuando curaba enfermos, etc., pues en la cruz también está; porque Dios no es el Dios que abandona, no guarda silencio sino que habla en Jesús, nos habla de fidelidad a un proyecto, de amor que se entrega, de gratuidad, de generosidad, nos habla de solidaridad, nos habla de amor a la humanidad. Dios grita “tengo sed”, que no de agua sino de justicia, de paz y fraternidad; Dios grita que “todo está cumplido” porque su propuesta ha sido llevada hasta el final, la entrega por amor.
No, Dios no calla, no guarda silencio. Y sigue hablando en la familia desalojada, sigue gritando en las personas que duermen en la calle, en los ancianos que viven solos, en los enfermos terminales, los huérfanos, viudas, extranjeros. En Jesús de Nazaret Dios grita, y aún tiene que decir otra palabra más, porque esperamos otra palabra. Y es que no puede ser que el poder de la tiniebla o del pecado venza la obra del Señor en Jesús, y por eso Dios tiene que seguir hablando. Viernes santo de dolor pero, sobre todo, viernes santo de la expectativa, de la esperanza, con el corazón en vilo, alerta, esperando una palabra que cambie el rumbo de la historia, la nuestra y la de la humanidad. Dios tiene que hablar porque el amor nunca guarda silencio.

LUZ para todos los que sufren


miércoles, 8 de abril de 2020

430.- EVANGELIO DEL DÍA

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTOS, AMÉN.

En el Miércoles Santo, nos IMPRESIONA EL AMOR DE JESÚS POR JUDAS, el traidor

Jesús, Tú amaste a Juan, con su ternura,
a Pedro, con su terquedad,
a Judas, quien te vendió por unas monedas.

Le lavaste los pies, como al resto, sabiendo de sus intenciones;
Dijiste en voz alta que uno de tus amigos te iba a entregar, para ayudarle a comprender la gravedad de lo que está pensando hacer, y ni aún así reaccionó;
Le diste un pedazo de pan untado, gesto de amistad entrañable en los pueblos semitas;
Finalmente, le dijiste "Lo que vas a hacer, hazlo pronto". No le abroncas. No le echas encima al resto de los discípulos, que no comprenden del significado de tus palabras.
Es más, parece que es una manera de acompañarlo con amor, más allá de su error, de su traición, de su pecado.
Es sobrecogedor, Jesús, lo que hiciste con Judas, en su noche oscura.

Pero lo que me hace temblar es que Tú, Jesús, haces lo mismo conmigo.
Me lavas los pies y el alma, una y otra vez;
me ayudas a caer en la cuenta de mis errores;
tienes mil detalles de delicadeza conmigo;
y, cuando decido apartarme de Ti o seguir otros caminos, lejos de abroncarme, me acompañas en silencio y me ofreces permanentemente tu ayuda.
En la noche oscura del error, Tú me acompañas y me amas, hasta el extremo.